Ayer caminé por el sendero de mi juventud.
Busqué, lloré, corrí, soñé y por fin la encontré.
Tropecé con mis dieciséis derramados por doquier; tropecé con la vida que rozó mis pies.
Conocí la miel quemada en mi piel; conocí el fruto bendito de tu ser.
Inspiración, prodigio divino de una flor; inspiración, prodigio divino del amor.
Ha llegado el amanecer y yo sigo sentada en la fe; ha llegado el atardecer y me he parado en la esperanza de aquella vez.
Ha llegado el anochecer y sigo viajando con suavidad, en los campos de mi soledad.
Por fin llegué a mi vejes, por fin me bajé del tren.
Busqué, lloré, corrí, soñé y por fin la encontré.
Tropecé con mis dieciséis derramados por doquier; tropecé con la vida que rozó mis pies.
Conocí la miel quemada en mi piel; conocí el fruto bendito de tu ser.
Inspiración, prodigio divino de una flor; inspiración, prodigio divino del amor.
Ha llegado el amanecer y yo sigo sentada en la fe; ha llegado el atardecer y me he parado en la esperanza de aquella vez.
Ha llegado el anochecer y sigo viajando con suavidad, en los campos de mi soledad.
Por fin llegué a mi vejes, por fin me bajé del tren.
Me perdí en la parada de los veintitrés, me perdí en los recuerdos del querer.
Pero ya estoy aquí, ya estoy en mis noventa y tres, justo en el inicio del saber.
Tal vez mañana vuelva a caminar, tal vez mañana sólo recordaré, quizá mi cuerpo dudará, quizá la muerte llegará…
Pero ya estoy aquí, ya estoy en mis noventa y tres, justo en el inicio del saber.
Tal vez mañana vuelva a caminar, tal vez mañana sólo recordaré, quizá mi cuerpo dudará, quizá la muerte llegará…
