De noche todo se funde en una sola luna... todo recae en el espacio y tiempo que se está perdiendo. El viento se pasea sigiloso por las calles empedradas, observando al silencio que baila al compás de las respiraciones; respiraciones de hombres y mujeres que duermen complacidos con sueños y sudores ya arraigados.
Quién sabrá con exactitud a dónde se dirigirá este viento viejo. Es cierto que pasea con una calma que su inexistencia lo hace ser inmortal.
Quién sabrá de dónde provienen esas almas en pena, que me observan con envidia y desean ser mi cuerpo, tú cuerpo y el cuerpo de todos.
Todo transcurre al sonido del paso lento de las nubes negras y sin decisión, todo transcurre en una canción melosa, compuesta por el vagabundo desecho por tanto amor.
No es costumbre del cielo, contemplar las calles llenas de sombras y situaciones que conforman un carnaval sonoro, en donde los susurros y los gritos ahogados juegan con los paseos interrumpidos de las personas ajenas a la sensibilidad de la noche.
Por eso el sol no se atreve a salir, porque mira con entusiasmo todo lo que la luna está provocando, no quiere romper la excitación que entre negro y plateado van formando un mundo imaginario, en donde el color no está contemplado.