domingo, 28 de octubre de 2007

Filosofía de una adicta a la imaginación

Hace poco más de dos meses que no publico ni un saludo, la verdad he escrito tantas cosas incompletas, que mi conciencia me ha implorado no darlas a conocer. Sé que no hay excusas para las acciones no emprendidas, si bien el inconsciente ha determinado no llevarlas acabo y no queda más que disculparse o tirarlas al olvido. Entonces, es en estos momento en donde pienso... ¿para dónde vamos? independientemente de las metas de cada persona, no hay ningún fin especifico deslumbrado fuera de nuestra realidad. Es aquí donde la fantasía pierde su estilo y se embriaga de situaciones y pensamientos ajenos a su lógica.
Entiendo que hemos crecido, que los problemas y nuestra propia madurez han marcado un límite en los deseos e inquietudes. También entiendo la incoherencia de creer, a nuestra edad, en los reyes magos o en el ratón que dejaba dinero bajo la almohada a cambio de dientes que deshabitaron alguna vez una encía. Pero lo que no cabe en todo esto, es la poca credibilidad que le damos a las ilusiones, el miedo que penetra en nosotros y nos obliga a soltarle la mano a la ingenuidad, a la capacidad de sorprendernos hasta del poder del viento; que nos insita a soñar y dejarnos mover bajo su encantamiento musical.
Despabilarnos y desentendernos por un ratito de la sumisa cotidianidad, adentrarnos en un viaje sin destino y sin escalas con finales felices e inesperados, es lo que le hace falta a esta sociedad para liberarla de tanta miseria personal y tanta contaminación sentimental.Invitaciones hay para aventar o para desairar, momentos hay en cada segundo del tiempo, pero oportunidades de sacarte la lotería en un gesto de bondad para tu persona, eso si está en peligro de extinción y al menos deberíamos de darle el beneficio de la duda o la grandiosidad de un minuto de existencia.