Y la noticia del día de hoy recae en que la imaginación ha escaseado. Tal vez sea por pereza mental, por falta de inspiración (que vaya es notorio), pero simplemente no quiere instalarse en mí. Pienso y le doy vueltas a lo mismo. Hay un hoyo profundo, un colapso de emociones que finalmente me hacen sentir un vacío intenso, infinito y oscuro que no me alimenta pero que tampoco me deja con hambre. Siento como mi interior se hiela y se suspende en el aire sin sostén seguro. La chispa que se prendía cada vez que los deseos volaban, que la furia de escribir tantas letras como le caben a un minuto antes de pasar al olvido, al parecer también anda caducando. Últimamente no he tenido combustible o la mecha está envejeciendo. Es como cuando te dicen que el barco de la eternidad está al borde del colapso por sobrecarga de demostraciones clausuradas.
Mi capacidad se reduce a redundar en las añoranzas, en lo que quise ser, en los tiempos lejanos, en la que quizás fue buena la vida buena.
Es raro, pero mi mecanismo de camión de basura que apachurra todo hasta comprimirlo en su mínima expresión y aglutinarlo por secciones en un cachito de corazón, tiene que ver con lo que ahora pretendo desechar. Ah! y no es por pedir a gritos ayuda, más bien es sólo una forma de externar algo que no tiene sentido. Déjenme reprochar con intensidad radical lo injusto que me parece esto, y es que últimamente no se encuentra algo que verdaderamente nutra el alma. Será el clima o la bipolaridad de una mujer, pero mañana posiblemente la historia pueda cambiar o el mes que viene, no intento esperar, que no es bueno, pero por hoy dormir tranquila es cuestión de privilegios de antaño.