martes, 3 de marzo de 2009

Hoy quierO regresar!

Y aquí me veo yo en un momento de óseo, en donde tengo miles de preocupaciones en la mente pero que ahora intento desairar.

Con escuela y con trabajo, como bien dicen, tengo todo y no tengo nada. Pero vamos, al menos me mantengo ocupada y no me da tiempo de pensar en que si el sapito no murió después del pisotón que le dio el niño travieso, en la última visita al pueblito mágico y tan escondido.
Vaya que ahí al menos era feliz, estando en la nada y teniéndolo todo, si bien la naturaleza es sabia y el silencio es el mejor refugio que se pude encontrar ante tanto trafico de sonidos en la ciudad, ante tanto vocabulario atropellado que escuchaba en mí ya cotidiana vida.

Felicidad encontré en ese pueblito en donde ni una puta seña de televisión, en donde para encontrar un teléfono decente tienes que caminar hasta la mitad de la montaña, en donde las 8 de la noche se pierden entre la oscuridad y resulta igual si son las 10, 11 o 12.

Armonía encontré en ese pueblito donde la gente aun se detiene a saludarte, en donde si eres foráneo te miran con desconfianza, pero después del primer día eres bienvenido en la mesa de la casa de Don Benito.

La verdad es que para llegar al pueblito es un verdadero peregrinaje y quedarte resulta toda una prueba de fuego ante las comodidades acostumbradas. Uno se pregunta, cómo le hace la gente para vivir felizmente ahí, cómo le hacen los niñitos viviendo en un lugar hundido entre las montañas, en donde apenas y llega la luz eléctrica, en donde el frió es cruel con ellos, en donde estar descalzos caminando entre la tierra es lo más común para sus piecitos.

Sí, yo encontré libertad en ese lugar tan contradictorio, me encontré a mí plasmada en la mínima simpleza, encontré mi humanidad sin tantos prejuicios, sin tanta pintura, sin tanto arreglo, sin más que yo y la naturaleza.

Quiero regresar, lo insipiente de esta ciudad me hacen ahogar mis gritos de intolerancia, quiero regresar y despejar la mente, liberar el alma, caminar descalza por la tierra rasposa, respirar el viento que sopla descontrolado, llegar hasta la cima de la montaña y ver el atardecer, quiero estar ahí, quiero cerrar los ojos y sentirme inspirada hasta los huesos.

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