Desde hace unas semanas la casa se cae a pedazos, los coches ya no
circulan por la avenida principal y ella no deja de mirar desde el rincón, la
esperanza que atrae la lluvia blanca de invierno.
Su mente recorre la imagen del
último encuentro, ya no entiende nada, no sabe nada. Es poseedora de una
constante manera inusual de meterse en problemas. El palpitar de su dolido
corazón se trasmite por las paredes mientras se entona esa
"musiquilla" que sale de la insipiente tarde y se pierde entre el eco
de la habitación.
La muerte llegó a su cúspide, la
ha dejado ensimismada en sus vivencias, la ha dejado sentada entre el hueco del
sillón y la cama. A veces, la mueca de una sonrisa se asoma por sus rígidos
labios carentes de besos oportunos, pero otras tantas, esos mismos labios se
mojan con el recorrido de una lágrima llena de nostalgia.
El invierno está llegando a su
fin, desde la ventana se pueden ver los
primeros rayos de sol que queman la frente de la chica que camina con paso rápido, ella
mira hacia todos lados y tropieza con el destino recargado en el poste.
El cuento se repite: la rueda
empieza a girar mientras la canción de su vida arranca a tocarse por la bocina
aventada en la mesa... uno, dos, tres.... ella siente que la inspiración
vuelve...cuatro, cinco... los ojos se cierran ante los últimos acordes del
tintinear sonido latinoamericano...
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