jueves, 22 de julio de 2010

La ciudad y la chingada

A esta ciudad se la está llevando la chingada. Sí, así, completita, cada vez es más caótica.
El problema de la basura es un monstruo que comienza a salir de las casas, de los comercios y se postra complaciente, descarada en las esquinas de los parques, de las banquetas; sus nauseabundos olores se apoderan del ambiente, se confunden entre el humo de los coches y la brisa del agua estancada.
Se une a la contaminación masiva que carcome el verde paisaje del que alguna vez me sentí orgullosa, plena, feliz y agradecida.
La creciente carga vehicular, las calles invadidas de tanta chatarra de aluminio que anda sobre cuatro ruedas y que sólo provoca la desesperación de muchos y la comodidad de los "privilegiados" que pueden adquirir uno de esos, engordando los bolsillos de unos pocos. Ni un carro más, la gente debería protestar por no estirar el padrón de coches en la ciudad.
Las lluvias, inundaciones, encharcamientos y todo eso que detona la decadencia y pone al oaxaqueño de cara con su realidad, con la peste que ha creado y que ahora lamenta. Entre los baches el agua pluvial se esconde, encuetra su lugar y se acomoda con gran facilidad. Lo más terrible son las inundaciones, que en este año ya cobró factura a por lo menos cinco municipios, todos ellos con una constante, la cual arrazó con todo, no perdonó, no discriminó, y como siempre, los más afectados fueron los jodidos, a los que el gobierno mantiene en el olvido, a los que por necesidad o por conformidad buscaron un hueco sobre las riberas del río.
A esta ciudad se la están acabando, se la están comiendo a manos llenas, no hay más. Me duele no por el nacionalismo barato con el que se puede interpretar mi enojo profundo, sino porque realmente esta ciudad, la extinta Verde Antequera, fue generosa, bondadosa con los que vivieron y siguien aquí. Es un lugar rico, exótico, atractivo, el cual merece ser recordado por la tranquilidad, la paz, armonía que regaló alguna vez a los que tuvieron la fortuna de conocerla en su explendor.
A esta ciudad la pervierten las manifestaciones, plantones, cierre de calles, protestas; que son egoistas, mezquinas, sí ,son prostituas que aclaman un mejor pago a sus servicios promiscuos que desquician a la colectividad que no ha sido inmiscuida en el reparto de utilidades, resultante de "merezco todo pero no ofresco nada".
Ay mi oaxaquita, la bella, en la que muere el sol en lo montes, a la que le han escrito tanto y le han dedicado poco, a la que se la está llevando la chingada por actitudes  destructoras de miles de residentes.
Siempre lo he dicho, Oaxaca es hermosa, extraordinaria, pero sin su gente y después de todo esto, lo sostengo.


lunes, 12 de julio de 2010

Este pOst es para ti!

Cuando hablamos del amor siempre salen a relucir las diferencias. Es un tema en el que todos tenemos opiniones contradictorias, buenas, malas y simples.
Hoy este post es para ti, es uno más que se añade a esta lista, a este blog lleno de historias relacionadas con ese sentimiento, dulce, agrio, salado y empalagoso, pero en el que ultimamente han abundado más historias reales que imaginarias, eso me preocupa un poco, no sé si sea positivo o negtivo.
Este post es dedicado a uno más, a una persona distinta pero involucrada siempre en el mismo tema, relaciones, compartir, besos, compañia, abrazos, sonrisas, momentos, todo eso y lo que se le añade, todos sabemos qué mas se le agrega.
Pero no es el amor el que te envuelve, más bien, yo diría que es una mezcolanza de sentimientos, todos positivos obviamente, pero no más.
No es que yo reconosca al amor con tan sólo verlo a primera vista, es muy probable que contigo me esté equivocando, pero es real, no se siente.
-¡Qué jodido es todo esto!- siempre lo he dicho, esto del espacio para dos siempre se me ha complicado, sobre todo en eso que dicen que las mujeres quieren que las quieran por lo que son, pero ellas quieren por lo ven, todo eso es un enredo en el que ahora estoy inmersa.
No quiero dar respuestas, me niego, no me gusta, lo odio. No quiero decir sí o no, me quedo con el no sé, pero es algo que contigo no va. Reconosco que estoy huyendo de ti, de todo lo que implicas, sí me das miedo, mucho, todo lo haces bien, todo está bien contigo y eso me abruma.
Cualquiera no lo pensaría, a pesar que dices que la suerte en esto no va contigo, yo digo que prefiero lo complicado, lo "maldito", sí, no tengo remedio.
Aún no tengo respuesta, no hay seguridad en mi, apesto, sí, soy ridicula, soy inmadura, soy todo lo que quieras, pero este no sé me está matando.
Difícil, tonto, pero no tengo ganas, no me quiero convencer que eres ma mejor opción, no quiero conformarme, no quiero querer...no y ya!

martes, 6 de julio de 2010

Ya se van los 22

El 06 del 07 del 10 se cumplirán 23 años. Los suficientes para emprender la huida de esta ciudad, sin dirección fija, sin tiempo de espera, sin estancia segura.
Los 22 pasaron sin avisar, sólo llegaron, se instalaron, robaron espacio en el cajón, rompieron con la rutina, cerraron ciclos, abrieron otros, en fin, hicieron daño y dejaron huella.
Los 23 pintan de diferente manera, vienen acompañados de la autonomía, de la independencia, justo en el bicentenario de la "emancipación nacional", eso nada tiene que ver, porque este proceso es privado, es particular, contradictorio, pero se hace referencia porque existe el temor grande de....¿¿qué chingados hacer con una vida??
La vida se me entregó, así, sin avisar, sin prevenir. Un día sólo me regalaron una cajita vacía envuelta para regalo y me advirtieron: "Ésta es tu libertad, tu vida, cuídala, tómala", lo que pudo significar un buen pretexto para provar las nuevas alas y volar alto a pesar de la turbulencia.
Así es esto, sin tanta ciencia, ahora se tiene el poder de desición, el volante de los 23, lo escalofriante de la soledad.
En fin, ya se acercan los 23, sin pastel, sin velitas y sin calenda... y los 22 se van, detrás de un proceso electoral engorroso y fanfarron.
Yo me iré en un mes y quiza regrese en tres, a seis hora de esta ciudad colonial, lejos de los que me hacen sonreir, de los que me hacen llorar y desesperarme, pero me llevo los 23, estos que llegan con fecha de caducidad, avisando que no son para siempre. Estos que  todavía tienen carrera lagar en esto que todos llaman vida.