A esta ciudad se la está llevando la chingada. Sí, así, completita, cada vez es más caótica.
El problema de la basura es un monstruo que comienza a salir de las casas, de los comercios y se postra complaciente, descarada en las esquinas de los parques, de las banquetas; sus nauseabundos olores se apoderan del ambiente, se confunden entre el humo de los coches y la brisa del agua estancada.
Se une a la contaminación masiva que carcome el verde paisaje del que alguna vez me sentí orgullosa, plena, feliz y agradecida.
La creciente carga vehicular, las calles invadidas de tanta chatarra de aluminio que anda sobre cuatro ruedas y que sólo provoca la desesperación de muchos y la comodidad de los "privilegiados" que pueden adquirir uno de esos, engordando los bolsillos de unos pocos. Ni un carro más, la gente debería protestar por no estirar el padrón de coches en la ciudad.
Las lluvias, inundaciones, encharcamientos y todo eso que detona la decadencia y pone al oaxaqueño de cara con su realidad, con la peste que ha creado y que ahora lamenta. Entre los baches el agua pluvial se esconde, encuetra su lugar y se acomoda con gran facilidad. Lo más terrible son las inundaciones, que en este año ya cobró factura a por lo menos cinco municipios, todos ellos con una constante, la cual arrazó con todo, no perdonó, no discriminó, y como siempre, los más afectados fueron los jodidos, a los que el gobierno mantiene en el olvido, a los que por necesidad o por conformidad buscaron un hueco sobre las riberas del río.
A esta ciudad se la están acabando, se la están comiendo a manos llenas, no hay más. Me duele no por el nacionalismo barato con el que se puede interpretar mi enojo profundo, sino porque realmente esta ciudad, la extinta Verde Antequera, fue generosa, bondadosa con los que vivieron y siguien aquí. Es un lugar rico, exótico, atractivo, el cual merece ser recordado por la tranquilidad, la paz, armonía que regaló alguna vez a los que tuvieron la fortuna de conocerla en su explendor.
A esta ciudad la pervierten las manifestaciones, plantones, cierre de calles, protestas; que son egoistas, mezquinas, sí ,son prostituas que aclaman un mejor pago a sus servicios promiscuos que desquician a la colectividad que no ha sido inmiscuida en el reparto de utilidades, resultante de "merezco todo pero no ofresco nada".
Ay mi oaxaquita, la bella, en la que muere el sol en lo montes, a la que le han escrito tanto y le han dedicado poco, a la que se la está llevando la chingada por actitudes destructoras de miles de residentes.
Siempre lo he dicho, Oaxaca es hermosa, extraordinaria, pero sin su gente y después de todo esto, lo sostengo.