Que si está muy caro, que si es chafa, que si es injusto, como si valiera oro, total, en este lugar regatean hasta el tiempo.
Ponen en subasta hasta los calzones si fuera necesario para conseguir que lo que se adquiere sea a conveniencia del cliente.
No son suficientes las 24 horas del día y la noche, no son aprovechadas, "las marchantitas" reclaman hasta porque el agua subió, eso sólo ellas lo entienden, a decir:
-¿Por qué tan enojada marchantita, si hace una semana no estaba tan caro?- pregunta una doñita en el mercado.
-¡Esque todo subió güerita y si no lo doy así no me sale pa´l gasto!- responde la marchanta que lleva medio día intentando vender sus verduras.
-¡Hay pero si en los otros mercados está más barato!-, agrega la doña
-Bueno pues, lleveselo, para que tenga moneda para poderme persinar en la venta de hoy!- dice resignada la vendedora
* * *
-¿Cuánto me cobra al Centro, don?- pregunta el joven
-¡Cuarenta pesos mi joven!- responde el taxista que espera el primer cliente de la noche
-¡No, a mi me han cobrado 30 pesos, ándele, es aquí no´más, en el zócalo!- comienza a negociar el pasajero ya más en confianza.
-¡Hijole, esque la tarifa es de 40 pesos!- el chofer del transporte público no se deja
-¡Ándele, está en corto-, agrega ya más desesperado.
-¡35, mi buen, es lo menos!- suelta el señor
-¡Órale pues, lléveme!- se convence el joven
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Así son, definitivamente regatean todo lo que pueda ser regateado y lo que no, ni se esfuerzan, he dicho!
lunes, 23 de agosto de 2010
viernes, 20 de agosto de 2010
No es perfecto
No es perfecto, no me empalaga con todo su amor y cariño, no despierta las mariposas que revoloteaban hace dos años en mi panza inexperta, no me llena de palabras bonitas que alzan mi ego, no me ofrece más de lo que me externa y eso es justo para mi.
No me enamora y desamora a cada instante, no me desespera, quiza un poco cuando no sé noticias de su persona, cuando mi celular se contagia de mi locura e impide que lleguen sus mensajes, no me pone a competir con otras, no intenta convencerme, sólo se presenta como es y entonces las ganas de abrazarlo y besarlo salen de manera expontanea.
Sólo me escucha, sólo me mira y no dice nada, o espera a que yo tome la desición, sólo me ofrece sus brazos para protegerme y su experiencia para conducirme, algo que yo buscaba desde hace tiempo.
Es cierto, no me siento enamorada, no desvivo para que se dé cuenta de mi existencia como antes lo hacía, no estoy herida, no estoy ilusionada por completo, sólo quiero y me dejo querer, sólo lo disfruto y dejo que me disfrute, sólo experimento algo que quiza no está dentro de las reglas del amor, porque no necesariamente se tiene que perder la cabeza para desear y dejarse desear, para sentirse ridiculamente cursi y para curar el corazón que timidamente sale de su retiro espiritual.
jueves, 12 de agosto de 2010
para después...
Al filo de la cama la maleta abierta, esperando que inicie con la selección de trapos que cargaré por más de seis horas hasta llegar a lo desconocido. La última vez que estuve ahí, tú me despediste de esa manera, esa tan fria pero melancólica manera, aún lo recuerdo, a pesar de que ya pasaron dos meses y yo siga sin saber de ti.
En el ropero se asoman las playeras, blusas, calzones, calcetines sin par, todos ellos escupidos, revueltos, como revuelta está mi vida, como revuelto está todo lo que me pertenece, mi cama, mi recamara, mi mesa, mi piso, mi aspecto, todo eso lleno de polvo, lleno de cables, lleno de periódicos de hace meses, lleno de libros a medio leer, todo eso que he prolongado para después.
Creo que ese después está cada vez más cerca, como cerca está la partida. Sólo de pensar en eso se me revuelve el estomago con los sentimientos encontrados, con los retortijones de ti y de mi que también los postergo para después, mientras ocupo mi pensamiento en decidir qué esmalte de uñas usar.
Al filo de la cama yace mi maleta, yacen las nuevas mentadas de madre, las nuevas risas, los nuevos llantos, los nuevos miedos que están apunto de ser estrenados, eso sí me pone la piel chinita, como cuando escucho a Chabela Vargas con su voz desgarrante, con su voz sumergida en agua ardiente y tristeza profunda.
Me aferro a mi cama, a mi almohada y lloro en silencio y tiemblo completita, más cuando pienso en decir adiós, cuando ese golpe en la espinilla me hiera hasta lo más profundo y me eche de este lugar como inquilina no deseada y lo peor, sin darme la bendición por lo menos.
En fin, la maleta sigue ahí, esperando paciente, guardando silencio, mientras yo me peleo con el después, que por cierto, creo que está vez volvió a ganar la batalla.
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