Un vaso de tequila y una canción de Javier Solís están bien para mí, por el momento.
"¡Que me sirva de una vez pa´todo el año, que me pienso seriamente emborrachar...!" escucho de quedito por la habitación, como una invitación indecorosa al suicidio, como dedicándome ese dolor en el pecho que se enciende al pasar el aguardiente.
Esta noche me la dedico, a mí y a mis penurias que no hacen más que disfrutar de este dolor añejado por el tiempo. No hay más, somo tres en la habitación, la felicidad, esta vez, no fue invitada por cuestiones de celos.
..."¡Si te cuentan que me vieron muy borracho, orgullosamente diles que es por ti, porque yo tendré el valor de no negarlo...!" me entono más entusiasmada que hace un momento, no alzo la voz por temor a despertar a los vecinos, pero Javier Solís no me deja sola, es más, me motiva a insistir con mi voz etílica.
El vaso ya no tiene más líquido y yo apenas estoy entrando en tono, la voz del cantante me insiste y yo no me resisto. Cojo la botella y sirvo por tercera vez en la copa, esta vez aumento la dosis, total, así es esto de brindar por la amargura y por mí.
¿El amor ya no me interesa?, tal vez, o no sé, no creo que muera de amor como dice la canción, no sé de qué moriré después, pero eso por el momento no me interesa.
Me he olvidado de las tantas veces que termino haciéndome amiga de las canciones dolidas y de los interpretes de cantina, hoy tampoco quiero recordarlo.
La música para, creo que Javier ya se cansó de cantar, el silencio vuelve a cobrar espacio, yo no lo permito, veremos cómo nos acompaña Chavela Vargas, ella puede ser más solidaria por aquello del género.
"¡Tómate esta botella conmigo y en el último trago nos vamos, quiero ver a que sabe tu olvido, sin poner en mis ojos tus manos..!" dice la Vargas, mientras, yo comienzo la cuenta del quinto o sexto vaso, ya no sé...
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