Un vaso de tequila y una canción de Javier Solís están bien para mí, por el momento.
"¡Que me sirva de una vez pa´todo el año, que me pienso seriamente emborrachar...!" escucho de quedito por la habitación, como una invitación indecorosa al suicidio, como dedicándome ese dolor en el pecho que se enciende al pasar el aguardiente.
Esta noche me la dedico, a mí y a mis penurias que no hacen más que disfrutar de este dolor añejado por el tiempo. No hay más, somo tres en la habitación, la felicidad, esta vez, no fue invitada por cuestiones de celos.
..."¡Si te cuentan que me vieron muy borracho, orgullosamente diles que es por ti, porque yo tendré el valor de no negarlo...!" me entono más entusiasmada que hace un momento, no alzo la voz por temor a despertar a los vecinos, pero Javier Solís no me deja sola, es más, me motiva a insistir con mi voz etílica.
El vaso ya no tiene más líquido y yo apenas estoy entrando en tono, la voz del cantante me insiste y yo no me resisto. Cojo la botella y sirvo por tercera vez en la copa, esta vez aumento la dosis, total, así es esto de brindar por la amargura y por mí.
¿El amor ya no me interesa?, tal vez, o no sé, no creo que muera de amor como dice la canción, no sé de qué moriré después, pero eso por el momento no me interesa.
Me he olvidado de las tantas veces que termino haciéndome amiga de las canciones dolidas y de los interpretes de cantina, hoy tampoco quiero recordarlo.
La música para, creo que Javier ya se cansó de cantar, el silencio vuelve a cobrar espacio, yo no lo permito, veremos cómo nos acompaña Chavela Vargas, ella puede ser más solidaria por aquello del género.
"¡Tómate esta botella conmigo y en el último trago nos vamos, quiero ver a que sabe tu olvido, sin poner en mis ojos tus manos..!" dice la Vargas, mientras, yo comienzo la cuenta del quinto o sexto vaso, ya no sé...
sobre expuesto
pOr una adicta a los sucesos imaginarios
martes, 18 de enero de 2011
jueves, 13 de enero de 2011
digo no a tu cuerpo desnudo
No, definitavente me declaron encontra de tu piel morena, me niego a ver cada partícula de tu cuerpo que se contrae con el roce de mis dedos.
Me niego a confrontar tus pecas sin esterilizar, tu bello sin mojarse, tu cabello sin peinar.
Ya no quiero más, mis ojos protestan de tanta saturación tuya, de tanta imagen repetida de tu persona.
Este basta tormentoso se contradice cuando mis manos recorren los huecos de tus brazos, de tus piernas, de tu cuello.
Pero yo me esfuerzo, de verdad que lo hago. Ni un pecado más, ni un escalofrío que termine en fundirme con tu aroma, que permita que bese tu alma, tu imperfección.
Declaro clausurada mi vista, mis sensaciones, mi imprudente contagio de las ganas que tengo de susurrarte y que intento esconderlas bajo mi falda.
Me niego a confrontar tus pecas sin esterilizar, tu bello sin mojarse, tu cabello sin peinar.
Ya no quiero más, mis ojos protestan de tanta saturación tuya, de tanta imagen repetida de tu persona.
Este basta tormentoso se contradice cuando mis manos recorren los huecos de tus brazos, de tus piernas, de tu cuello.
Pero yo me esfuerzo, de verdad que lo hago. Ni un pecado más, ni un escalofrío que termine en fundirme con tu aroma, que permita que bese tu alma, tu imperfección.
Declaro clausurada mi vista, mis sensaciones, mi imprudente contagio de las ganas que tengo de susurrarte y que intento esconderlas bajo mi falda.
Si de necesidad hablamos...
La necesidad mata poco a poco al gato, y a mí.
Yo no sé de cierto si eso sea algo grave o hasta dónde pueda importarle al felino, pero definitivamente yo sí necesito, y necesito ya.
Me come un beso no dado, un abrazo negado y esta inactividad que me obliga a postrarme en el sillón, olvidándome de lo demás y de los de allá.
Muchas cosas se quedan para después, pero nada para ya, y yo con ese silencio impaciente, con ese tono de cotidianidad que parece rancio y sin chistar, y el gato que chilla por las noches y duerme en el día.
Y tú que me obligas a odiarte y a quererte, a extrañarte y a hartarme de tu ausencia y hasta recordarte me desmotiva.
Todo se ha vuelto una necesidad: las ráfagas de luz por las noches de tránsito rápido en esta ciudad, el cielo azul claro en donde las nubes gozan de una redondez exacta, el calor de tu cuerpo junto al mio, la sonrisa que distorciona la realidad de los enamorados, todo eso es una necesidad, menos yo.
Yo innecesaria, sin un plan emergente y expuesta al rin rin, al toc toc, al run run de todos los días, que llegan a otros destinatarios, menos a esta casa vieja y sin alma.
Innecesaria por las mañanas, cuando despierto en la cama y no está tu susurro, y desayuno con el reflejo del sillón vacío; innecesaria hoy por la noche que el eco del suspiro se esparce por todas las paredes.
Tú más necesitado que yo; yo menos que el gato, pero aún así nos necesitamos y nos desairamos tremendamente, en el tiempo otoñal de este lugar sin hojas caídas.
Yo no sé de cierto si eso sea algo grave o hasta dónde pueda importarle al felino, pero definitivamente yo sí necesito, y necesito ya.
Me come un beso no dado, un abrazo negado y esta inactividad que me obliga a postrarme en el sillón, olvidándome de lo demás y de los de allá.
Muchas cosas se quedan para después, pero nada para ya, y yo con ese silencio impaciente, con ese tono de cotidianidad que parece rancio y sin chistar, y el gato que chilla por las noches y duerme en el día.
Y tú que me obligas a odiarte y a quererte, a extrañarte y a hartarme de tu ausencia y hasta recordarte me desmotiva.
Todo se ha vuelto una necesidad: las ráfagas de luz por las noches de tránsito rápido en esta ciudad, el cielo azul claro en donde las nubes gozan de una redondez exacta, el calor de tu cuerpo junto al mio, la sonrisa que distorciona la realidad de los enamorados, todo eso es una necesidad, menos yo.
Yo innecesaria, sin un plan emergente y expuesta al rin rin, al toc toc, al run run de todos los días, que llegan a otros destinatarios, menos a esta casa vieja y sin alma.
Innecesaria por las mañanas, cuando despierto en la cama y no está tu susurro, y desayuno con el reflejo del sillón vacío; innecesaria hoy por la noche que el eco del suspiro se esparce por todas las paredes.
Tú más necesitado que yo; yo menos que el gato, pero aún así nos necesitamos y nos desairamos tremendamente, en el tiempo otoñal de este lugar sin hojas caídas.
lunes, 23 de agosto de 2010
En este lugar regatean hasta el tiempo!
Que si está muy caro, que si es chafa, que si es injusto, como si valiera oro, total, en este lugar regatean hasta el tiempo.
Ponen en subasta hasta los calzones si fuera necesario para conseguir que lo que se adquiere sea a conveniencia del cliente.
No son suficientes las 24 horas del día y la noche, no son aprovechadas, "las marchantitas" reclaman hasta porque el agua subió, eso sólo ellas lo entienden, a decir:
-¿Por qué tan enojada marchantita, si hace una semana no estaba tan caro?- pregunta una doñita en el mercado.
-¡Esque todo subió güerita y si no lo doy así no me sale pa´l gasto!- responde la marchanta que lleva medio día intentando vender sus verduras.
-¡Hay pero si en los otros mercados está más barato!-, agrega la doña
-Bueno pues, lleveselo, para que tenga moneda para poderme persinar en la venta de hoy!- dice resignada la vendedora
* * *
-¿Cuánto me cobra al Centro, don?- pregunta el joven
-¡Cuarenta pesos mi joven!- responde el taxista que espera el primer cliente de la noche
-¡No, a mi me han cobrado 30 pesos, ándele, es aquí no´más, en el zócalo!- comienza a negociar el pasajero ya más en confianza.
-¡Hijole, esque la tarifa es de 40 pesos!- el chofer del transporte público no se deja
-¡Ándele, está en corto-, agrega ya más desesperado.
-¡35, mi buen, es lo menos!- suelta el señor
-¡Órale pues, lléveme!- se convence el joven
****
Así son, definitivamente regatean todo lo que pueda ser regateado y lo que no, ni se esfuerzan, he dicho!
Ponen en subasta hasta los calzones si fuera necesario para conseguir que lo que se adquiere sea a conveniencia del cliente.
No son suficientes las 24 horas del día y la noche, no son aprovechadas, "las marchantitas" reclaman hasta porque el agua subió, eso sólo ellas lo entienden, a decir:
-¿Por qué tan enojada marchantita, si hace una semana no estaba tan caro?- pregunta una doñita en el mercado.
-¡Esque todo subió güerita y si no lo doy así no me sale pa´l gasto!- responde la marchanta que lleva medio día intentando vender sus verduras.
-¡Hay pero si en los otros mercados está más barato!-, agrega la doña
-Bueno pues, lleveselo, para que tenga moneda para poderme persinar en la venta de hoy!- dice resignada la vendedora
* * *
-¿Cuánto me cobra al Centro, don?- pregunta el joven
-¡Cuarenta pesos mi joven!- responde el taxista que espera el primer cliente de la noche
-¡No, a mi me han cobrado 30 pesos, ándele, es aquí no´más, en el zócalo!- comienza a negociar el pasajero ya más en confianza.
-¡Hijole, esque la tarifa es de 40 pesos!- el chofer del transporte público no se deja
-¡Ándele, está en corto-, agrega ya más desesperado.
-¡35, mi buen, es lo menos!- suelta el señor
-¡Órale pues, lléveme!- se convence el joven
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Así son, definitivamente regatean todo lo que pueda ser regateado y lo que no, ni se esfuerzan, he dicho!
viernes, 20 de agosto de 2010
No es perfecto
No es perfecto, no me empalaga con todo su amor y cariño, no despierta las mariposas que revoloteaban hace dos años en mi panza inexperta, no me llena de palabras bonitas que alzan mi ego, no me ofrece más de lo que me externa y eso es justo para mi.
No me enamora y desamora a cada instante, no me desespera, quiza un poco cuando no sé noticias de su persona, cuando mi celular se contagia de mi locura e impide que lleguen sus mensajes, no me pone a competir con otras, no intenta convencerme, sólo se presenta como es y entonces las ganas de abrazarlo y besarlo salen de manera expontanea.
Sólo me escucha, sólo me mira y no dice nada, o espera a que yo tome la desición, sólo me ofrece sus brazos para protegerme y su experiencia para conducirme, algo que yo buscaba desde hace tiempo.
Es cierto, no me siento enamorada, no desvivo para que se dé cuenta de mi existencia como antes lo hacía, no estoy herida, no estoy ilusionada por completo, sólo quiero y me dejo querer, sólo lo disfruto y dejo que me disfrute, sólo experimento algo que quiza no está dentro de las reglas del amor, porque no necesariamente se tiene que perder la cabeza para desear y dejarse desear, para sentirse ridiculamente cursi y para curar el corazón que timidamente sale de su retiro espiritual.
jueves, 12 de agosto de 2010
para después...
Al filo de la cama la maleta abierta, esperando que inicie con la selección de trapos que cargaré por más de seis horas hasta llegar a lo desconocido. La última vez que estuve ahí, tú me despediste de esa manera, esa tan fria pero melancólica manera, aún lo recuerdo, a pesar de que ya pasaron dos meses y yo siga sin saber de ti.
En el ropero se asoman las playeras, blusas, calzones, calcetines sin par, todos ellos escupidos, revueltos, como revuelta está mi vida, como revuelto está todo lo que me pertenece, mi cama, mi recamara, mi mesa, mi piso, mi aspecto, todo eso lleno de polvo, lleno de cables, lleno de periódicos de hace meses, lleno de libros a medio leer, todo eso que he prolongado para después.
Creo que ese después está cada vez más cerca, como cerca está la partida. Sólo de pensar en eso se me revuelve el estomago con los sentimientos encontrados, con los retortijones de ti y de mi que también los postergo para después, mientras ocupo mi pensamiento en decidir qué esmalte de uñas usar.
Al filo de la cama yace mi maleta, yacen las nuevas mentadas de madre, las nuevas risas, los nuevos llantos, los nuevos miedos que están apunto de ser estrenados, eso sí me pone la piel chinita, como cuando escucho a Chabela Vargas con su voz desgarrante, con su voz sumergida en agua ardiente y tristeza profunda.
Me aferro a mi cama, a mi almohada y lloro en silencio y tiemblo completita, más cuando pienso en decir adiós, cuando ese golpe en la espinilla me hiera hasta lo más profundo y me eche de este lugar como inquilina no deseada y lo peor, sin darme la bendición por lo menos.
En fin, la maleta sigue ahí, esperando paciente, guardando silencio, mientras yo me peleo con el después, que por cierto, creo que está vez volvió a ganar la batalla.
jueves, 22 de julio de 2010
La ciudad y la chingada
A esta ciudad se la está llevando la chingada. Sí, así, completita, cada vez es más caótica.
El problema de la basura es un monstruo que comienza a salir de las casas, de los comercios y se postra complaciente, descarada en las esquinas de los parques, de las banquetas; sus nauseabundos olores se apoderan del ambiente, se confunden entre el humo de los coches y la brisa del agua estancada.
Se une a la contaminación masiva que carcome el verde paisaje del que alguna vez me sentí orgullosa, plena, feliz y agradecida.
La creciente carga vehicular, las calles invadidas de tanta chatarra de aluminio que anda sobre cuatro ruedas y que sólo provoca la desesperación de muchos y la comodidad de los "privilegiados" que pueden adquirir uno de esos, engordando los bolsillos de unos pocos. Ni un carro más, la gente debería protestar por no estirar el padrón de coches en la ciudad.
Las lluvias, inundaciones, encharcamientos y todo eso que detona la decadencia y pone al oaxaqueño de cara con su realidad, con la peste que ha creado y que ahora lamenta. Entre los baches el agua pluvial se esconde, encuetra su lugar y se acomoda con gran facilidad. Lo más terrible son las inundaciones, que en este año ya cobró factura a por lo menos cinco municipios, todos ellos con una constante, la cual arrazó con todo, no perdonó, no discriminó, y como siempre, los más afectados fueron los jodidos, a los que el gobierno mantiene en el olvido, a los que por necesidad o por conformidad buscaron un hueco sobre las riberas del río.
A esta ciudad se la están acabando, se la están comiendo a manos llenas, no hay más. Me duele no por el nacionalismo barato con el que se puede interpretar mi enojo profundo, sino porque realmente esta ciudad, la extinta Verde Antequera, fue generosa, bondadosa con los que vivieron y siguien aquí. Es un lugar rico, exótico, atractivo, el cual merece ser recordado por la tranquilidad, la paz, armonía que regaló alguna vez a los que tuvieron la fortuna de conocerla en su explendor.
A esta ciudad la pervierten las manifestaciones, plantones, cierre de calles, protestas; que son egoistas, mezquinas, sí ,son prostituas que aclaman un mejor pago a sus servicios promiscuos que desquician a la colectividad que no ha sido inmiscuida en el reparto de utilidades, resultante de "merezco todo pero no ofresco nada".
Ay mi oaxaquita, la bella, en la que muere el sol en lo montes, a la que le han escrito tanto y le han dedicado poco, a la que se la está llevando la chingada por actitudes destructoras de miles de residentes.
Siempre lo he dicho, Oaxaca es hermosa, extraordinaria, pero sin su gente y después de todo esto, lo sostengo.
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